Vivienda en recuperación

Por en 9 agosto, 2017

El crecimiento del mercado, necesario para el crecimiento, debe acompañarse con normas fiscales y financieras estrictas

Construcción de vivienda nueva en Arroyo del Fresno
Construcción de vivienda nueva en Arroyo del Fresno JAIME VILLANUEVA

La profundidad de la recesión en España y su duración se explican por el estallido de la burbuja inmobiliaria, inflada desde mediados de los años noventa por políticas económicas irresponsables, unos tipos de interés incongruentes con la inflación y la participación activa de entidades financieras que se sumaron alegremente a la fiesta de la escalada de precios. La vivienda creó empleo fácil y lo destruyó más fácilmente aún. El mercado ha vivido una existencia agónica, dañado por el hundimiento casi generalizado de las rentas. Ahora parece a punto de recuperarse.

Las últimas estadísticas certifican una mejora de las operaciones de compraventa que es muy necesaria para la economía nacional. No tanto como aportación al crecimiento, que también, sino como indicador de recuperación de la capacidad de compra de los ciudadanos y del restablecimiento del crédito hipotecario.

La vivienda y el mercado inmobiliario son decisivos para el crecimiento; pero conviene recordar que su normalización no puede hacerse de cualquier manera ni a cualquier precio. En Estados Unidos, un mercado hipotecario deforme y desmesurado estuvo en el origen del crash de 2007. En España provocó la quiebra de constructoras y entidades financieras, además de una destrucción de empleo sin precedentes en las crisis recientes. La aplicación de normas elementales de prudencia nunca está de más.

Es imprescindible que una regulación financiera razonable acompañe al aumento de la compraventa. Las entidades prestatarias tienen que esmerarse en exigir las garantías adecuadas y deben resistir la tentación de aplicar innovaciones para reducir el riesgo (subprime, productos empaquetados complejos). La política fiscal debe incentivar lo justo la adquisición de vivienda para no estimular la formación de una nueva burbuja y las autoridades bancarias ya no pueden simular que no están advertidas de los riesgos.

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